Fotografías que hablan #3 – Aquella habitación
Tumbado en la cama con la mirada clavada en el techo podía vislumbrar gran parte de la estancia, el resplandor de la luna llena penetraba por una desvencijada y repintada ventana. Los cristales de colores y plomo formaban cenefas que desfiguraban la imagen del exterior. Podía adivinar las diferentes capas y colores con los que había sido pintada a lo largo del tiempo.
El olor a rancio invadía toda la estancia y del techo colgaba una lámpara que me recordaba a esas películas de época, de lujo y glamour, pero en ese mismo momento me transmitía todo lo contrario.
Grandes armarios, estanterías con colecciones completas de libros de todo tipo y tamaño. Libros con esa pátina del tiempo que todo lo cambia, que todo lo hace distinto y especial. Moqueta, papel pintado a todo mi alrededor con pájaros y flores que no llego a identificar.
Me encuentro medio adormecido y no logro recordar la verdadera razón o circunstancia que me trajo a este lugar. No puedo moverme e intuyo por el silencio de la casa y exterior que es muy tarde, más de medianoche. Tengo una sensación extraña.
De repente, escuché como una de las puertas del final del pasillo se abrió, pasos y a continuación, silencio. De golpe sentí un escalofrío que recorrió toda mi nuca y espalda. Clavé mi mirada en la puerta de la habitación esperando a que en cualquier momento alguien la abriese. Pero no fue así, tan solo silencio.
Silencio y frío, mucho frío. Los cristales se empañaron y comencé a ver mi propio aliento materializarse por el cambio de temperatura. Algo me alertó y pude incorporarme en la cama.
Entonces fue cuando vi por el hueco del suelo de la puerta algo extraño. Pude intuir las sombras de dos piernas junto a la puerta. Esas sombras atravesaron la puerta.
Paralizado al ver y no creer lo que estaba ocurriendo, contemplé como frente a mí se materializó una persona. Se me cortó la respiración y no pude siquiera gesticular palabra al menos de susto o auxilio. Un hombre atravesó aquella puerta y comenzó a caminar por la habitación.
Cada vez el espacio entre ambos era más reducido. Aquel hombre parecía no verme o no sentir mi presencia. Tenía la mirada fija en aquella vieja ventana y caminaba hacia ella.
Pese a los segundos que pasaban seguía sin creer lo que estaba viendo, se escapaba a toda lógica. Pude ver su elegante vestimenta claramente. Y sí, sus ropas eran de otro tiempo aunque no muy lejano. De nuevo a mi mente esa época, podría decir que vi pasar a mi lado a todo un lord inglés.
Me mantuve quieto como pude, apenas sin respirar, pensando que si no me movía no llamaría su atención. Pasó a escaso medio metro de mí, pero él, si puedo definirlo así, mantenía su cadencia de paso y mirada fija, hasta que llegó junto a la ventana. De golpe ésta se abrió. Una gran corriente de viento entró en la habitación levantando un gran revuelo con todo aquello que había en ella. Y de repente, desapareció…
Valentín Sarabia
(Investigador – Director Murcia Misteriosa)


