Pese al tiempo pasado y al abandono, el expolio y la transformación de su entorno sigue en pie la casa-torre que un día perteneció a una ilustre de la Región de Murcia, Dña. Carolina Codorniú y Bosch (1891-1985), hija de D. Ricardo Codorniú Stárico. Ingeniero de montes conocido como el “Apóstol del árbol” por su dedicación al medio ambiente y defensa de los bosques en la región, como la reforestación de Sierra Espuña en 1889.

Hoy día, nada queda de lo que antaño fue esa gran finca “Lo de Casas” a la que pertenecía la casa-torre, en la actual pedanía de Churra. Ahora forma parte del paisaje de una gran urbanización privada desentonando y rompiendo ese esquema urbanístico igualitario de chalets en línea.

Dña. Carolina, compró la casa-torre en 1918 tras el fallecimiento de sus propietarios. D. Mariano Vergara y Pérez de Arana (I Marqués de Aledo) en 1921 y, posteriormente su esposa, Dña. Josefa Calderón Montalvo (II Marquesa de Aledo) en 1918. Casa que pertenecía a la finca “Lo de Casas”.


Una finca que contaba con 400 tahúllas de tierra arbolado con 3591 olivos. 13 higueras y un almendro, 22 fanegas de tierra blanca y 77 fanegas 10 celemines de lomas vertientes; que todo forma una superficie total de 106 fanegas 6 celemines, que traducidos a la actualidad sería un total de 111 hectáreas, 68 áreas y 62 centiáreas. Con 5.000 pinos, 3.025 almendros, 2.404 algarrobos, 445 olivos y casi un centenar de higueras. La casa principal con 1.561 m2 construidos, incluyendo cocheras, cuadras, almazara con prensa hidráulica y varias zafras para depósito de aceite.

Nuevamente, atraídos por los lugares abandonados, buscadores de leyendas y de los fenómenos extraños dispusimos todo el equipo de grabación para registrar nuestra visita a Torre Aledo. Con el paso de los años numerosas son las leyendas que se han generado en torno a este lugar. Valientes que tras aventurarse e introducirse en él dicen haber sido testigos de lo extraño. Cierto o no, nosotros no dejamos la oportunidad de adentrarnos en ella para vivir la experiencia conociendo esta casa-torre histórica.

Con el tiempo la finca quedó en 3000 mts cuadrados. La casa-torre consta de tres plantas. En la primera pudimos encontrar, pese a la dificultad para ser identificados por la falta del mobiliario y expolio en nuestra visita, salones, baños, cocina, y una capilla anexa a la casa como otras dependencias.

En la segunda, tras subir las escaleras centrales y con un largo pasillo, encontramos a ambos lados habitaciones, despacho, baños y biblioteca. E incluso un enorme salón con una gran chimenea y terraza. Finalmente, desde unas pequeñas escaleras de madera y en forma de caracol accedemos al altillo o cámara de la casa-torre, terminando por acceder a la propia torre de la casa.

Con el cambio de titularidad de la finca, el título de camarera de la Virgen de la Fuensanta que pertenecía a la anterior propietaria, Dña. Josefa Calderón, pasó también a la familia de Dña. Carolina, en concreto a su hermana, Dña. María Codorniú y Bosch.

En 1985 muere Dña Carolina Codorniú y Bosch, quedando la casa-torre abandonada y en ruina hasta la fecha pese a que se encuentra recogida en el listado del plan del conjunto histórico-artístico de Murcia, con grado de protección 2. Con titularidad privada por parte de una empresa, a fecha de julio de 2020, se ha creado el proyecto de rehabilitación como residencia de ancianos.

Lo cierto es, que mientras tanto y sin saber si ese proyecto saldrá adelante, como otros muchos proyectos que no llegaron a nada en otros inmuebles históricos de la región y que terminaron por derrumbarse por completo perdiéndose para siempre, esta casa-torre de estilo barroco, sigue abandonada. Un trocito de historia de la región que se nos va.

Valentín Sarabia (Investigador – Director Murcia Misteriosa)

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Fuentes:
Testamentaria de D. Mariano Vergara Pérez. AHNOB, Aledo, C 1248. Doc 2, p.7
VERGARA PÉREZ, MARIANO. Para el Campo, Madrid, 1899, p.7
Diario El Liberal, Madrid. 15 de mayo de 1912, p.4
Diario El Tiempo, de Murcia el 16 de mayo de 1919.
Diario Línea, Murcia. 13 de noviembre de 1981, p. 5

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